Supongo que quiero contar una historia sobre mí, si no es que solo quiero quitármela del pecho. Nunca se lo conté a nadie, así que talvez puedo, simplemente, contársela a todos.
Nunca fui la clase de personas que se ahondan en el tópico del amor. Nunca tuve una relación seria, lo que esta bastante bien creo, ya que tengo solo 18 años (si, esa es mi pobre excusa). Si lo pienso bien, creo que nunca me enamore porque nunca encontré a alguien que me importara tanto; nunca nadie pudo tocarme tan profundamente como para evocar en mi sentimientos cercanos al amor.
No soy una persona que piense tanto en sí misma como lo aparento, pero es así, actuando egoísta y narcisistamente, es como logro evadir a las persona lo suficiente para no lastimarlas. No quiero lastimar a nadie, pero parece algo irónico que la única forma de no hacerlo, sea lastimándolos primeramente.
Pero creo que estoy contando cosas insustanciales de mi vida desviándome un poco de la historia que quería contar, así que retomémosla.
Poco después de mi cumpleaños numero
No quiero culparlo. No creo que mi padre quiera hacer esto en contra mía, simplemente me preguntó si me podría imaginar haciéndolo. ¿Es que tengo otra opción?
No pude responderle; no se absolutamente nada del amor, nunca lo experimente en nuestra fría y rugosa relación familiar, menos que menos con un hombre con el que estuviera tan enamorada como para casarme. Pero si hay algo de lo que estaba segura, es de que me sentía responsable por la miseria de mi papa, por el duro trabajo que tuvo que hacer para enviarme a buenas escuelas, los tiempos difíciles que tuvo con mi madre (quien, por cierto, no puede soportarme), por el hecho de que estuviera envejeciendo tan rápido, por su ruina financiera y por sus problemas emocionales. Incluso cuando era una niña pequeña lloraba por horas en mi habitación cuando él tenía que irse al trabajo los domingos a las 10 AM y solo volvía los sábados en la tarde.
Vi todo esto delante de mis ojos y supe que tenia que aceptar. Nunca podría decirle que no. Era la única cosa, aparte de sacar buenas notas en el colegio o practicar arduamente en mis lecciones de violín, que podía hacer por él. Odiaba todas estas cosas, como odiaba el hecho de que siendo forzada probablemente terminaría en la mismas condiciones que mis padres (lejos el uno del otro, sin el mas mínimo cariño o respeto) pero, ¿Qué podía hacer? De esta forma era como las cosas se suponían que serian, así que dije que sí.
El tiempo pasó y tratamos de no tocar el tema hasta que fue necesario, pero en diciembre, como todos los años, fuimos a Rusia, donde me presentarían a mi prometido. Era un hombre de 24 años, quien había terminado sus estudios en
Era alto, mucho más alto que yo, y tenía el pelo más rubio y los ojos verde-azulados más hermosos y profundos que había visto en toda mi vida, tenia esas miradas que te obligan a apartar la tuya, a mirar al suelo. Estaba usando un traje muy oscuro y una desdeñosa y apática expresión reinaba en su rostro.
Fue una reunión muy formal, donde ambas familias fueron presentadas a la par del anuncio de nuestro compromiso. Tuve que usar un perfecto y hermoso vestido rojo de satén y tenia como única instrucción la de comportarme debidamente.
Lentamente comprendí como habían escogido una tan prestigiosa, y tristemente, adinerada familia. Era una horrible farsa. En toda la velada no hable ni una palabra con él; sin embargo, sus hermanos Natalie, quien tiene 20 años, y Gavriel, de 26, vinieron a darme la bienvenida inmediatamente y no pude no pensar en cuan diferentes eran ellos a su hermano. Natalie es una de las personas mas agradables y calidas que haya conocido. Gavriel me entretuvo toda la noche, haciéndome reír todo el tiempo, aunque por el rabillo del ojo aun observaba a mi prometido, quien parecía inmóvil ante todo esto, y solo mantenía un poco conversación con nuestros padres y nuestros abuelos.
Al día siguiente recibí mi anillo de compromiso, una reliquia familiar, una antigüedad despampanante, el cual fue traído hasta mi casa por su padre.
Después de esto, no volví a verlo por casi un año. La única salida que recuerdo claramente fue una vez que fuimos a cenar, en Abril, cuando aun estaba de vacaciones en Rusia. Fue la cosa mas extraña e incomoda que había experimentado hasta el momento. Estábamos los dos solos, y no pude más que sentirme insanamente estupida. Para todos mis amigos, yo soy la más pequeña y tonta; juego video juegos, miro dibujos animados, me escapo de la escuela, me emborracho con ellos en los fines de semana, y duermo hasta las 2 PM. Y ahí estaba yo, sentada en frente de un hombre que, a los 24 años, ya había vivido una vida completa. Había estado toda su infancia en un internado, perdido a su madre a los 4 años, vivido en el extranjero, completado sus estudios superiores, construido una admirable carrera por sus propios medios, y por si era poco, también había estado en la guerra. Aunque nunca me dijo esto, lo había averiguado todo a través de sus hermanos.
Era tan intimidante, como si yo fuera no más que un pequeño niño frente a él. Me sentía como si él fuera mi hermano mayor (sobretodo con la camarera coqueteando con él toda la noche). Fue durante esa cena que no pude dejar de notar cuan hermoso era; era demasiado, con su alta y estilizada figura; la piel tan pálida, los atravesantes ojos verdes, el sedoso cabello dorado- si, todo ese atractivo hacia la situación mucho peor.
Algunas veces llamaba los domingos por la tarde y hablábamos algunos minutos; sobre la escuela y el trabajo, luego colgábamos para que el incomodo silencio no pudiera ser el protagonista de nuestras cortas charlas. Al poco tiempo comencé a sentir cierta aversión a sus llamadas telefónicas ya que sabía que él no quería hacerlas, que me llamaba solo porque creía que debía hacerlo.
Algunas veces, cuando mis amigos hablaban de novios me sentía algo incomoda. Los imaginaba abrazados en una cama durante una fría y lluviosa tarde de invierno y sabía que yo nunca lo experimentaría. Cuando en verano me pregunto si me gustaría pasar unas semanas con él en un corto viaje, supe que todo había sido idea de nuestros padres. El mero pensamiento de estar de delante de aquel frió hombre me hacia temblar, y estaba segura que a él también. Pero estaba claro que este tiempo juntos era para que nos acercásemos un poco, incluso pensé que dormiríamos juntos; así que no tuve más opción que aceptar.
Estaba aterrada cuando me senté a su lado en el auto, notando que estaba transpirando mi vestido y los asientos de cuero, aun cuando el aire acondicionado estaba encendido. Él era un hombre, y yo no era más que una tonta, y virgen, chica.
No se como paso pero, esa misma noche, me encontré vomitando en el baño, y durmiendo sola en la cama marital mientras en se recostaba en el sofá. Y eventualmente, mientras continuaba vomitando por unos minutos, él apareció y sostuvo mi cabello por detrás, mientras yo soltaba hasta la ultima cosa que tenia en el estomago. Le dije que se fuera, estaba espantosamente avergonzada, pero él se quedo. Simplemente se quedo ahí, sosteniéndome, callado. Cuando todo había terminado, me ayudo a levantarme, me acompaño a la cama, y pidió una taza de te, frazadas extras, y una botella de agua caliente; todo mientras yo continuaba temblando en la cama. Los siguientes días, estaba delirante de fiebre, todos mis músculos dolían, pero en ningún momento él abandono la suite, cada vez que me despertaba, él estaba ahí.
Si hay una cosa que nunca olvidare fue cuando dijo “te cuidare”, diciéndolo de una forma tan dulce, que me era completamente ajena. Fue en ese momento cuando me dije, si, podemos hacerlo, podemos hacer que esto funcione. Aunque no tuviéramos nada en común, podríamos arreglárnosla. Pero toda esa nube de pensamientos y consideraciones se esfumo rápidamente cuando me entere que él había tenido una novia por un año y medio, a la que abandono para obedecer la petición de sus padres. Cuando decidí que podía soportar esto, el día que mi padre me lo planteo, simplemente me considere a mi misma. Pensé que tenia suficiente como para vivir bien con esto, pero me olvide de pensar que no me estaba casando con una cosa, sino con un ser humano. Nunca pensé en sus sentimientos. Había destruido la vida de estas personas sin siquiera notarlo.
Ahí supe que nunca podría amarme, justo como yo nunca podría amarlo, solo que ahora sabia que él me odiaba.
Aun ahora, mientras escribo esto, me pregunto que pasaría si un día me enamoro de alguien, como habré de manejarlo; y no se la respuesta. Tal vez el que yo haya escrito esto le sirva a alguien algún día, para darse cuenta de cuan importantes son los sentimientos reales y puros. No podes falsificarlos, por más que lo intentes. No tengo ninguna foto de nosotros, ni una sola cosa de él conmigo. Como tampoco tengo ningún final feliz.
Ya termine de dar mis exámenes y me matricule en la universidad. El próximo septiembre me casare con Alesksandr.
Euge