Y bien, ¿no lo ves? Yo soy el narrador, y este es solo el prólogo.
Nos retorcemos y finjimos conocerlo todo, pero a lo que no entendemos, podemos darle cualquier sentido.
Ya nadie escribe sobre las cosas que nos hacen realmente felices; sobre como los cubos de hielo se derriten contra la piel un día caluroso de verano; el inexplicable placer que brinda pasar tus dedos entre los cabellos de alguien; recostar tu cabeza sobre el pecho de alguna persona, ese gentil sube y baja de su respiración y escuchar el calmado latir de su corazón; como la forma de ciertos nombres en tu boca se hacen sentir mas dulces que otros; como las familias y las personas tienen un distintivo aroma, y adentrarse en la casa de alguien que uno ama es como nadar entre un aire lleno de su esencia; como la altura de ciertas personas parece simplemente perfecta para que los abraces.
Pero huimos constantemente de estas cosas, cerrando los ojos y haciendo como si no existieran; dejamos que otras personas nos traten mal porque queremos ser amados y aceptados tan desesperadamente que hariamos cualquier cosa por ello. Duele cuando sabes que no importa cuanto lo intentes, cuanto lo quieres; ellos no pueden amarte o aceptarte como eres. Entonces odias todo el tiempo que perdiste intentando complacerlos y preguntándote que es tan horrible en ti que al menos no pueden fingir que te quieren; intentas incorporar que no es cuestión de encontrar techo durante la tormenta, sino de aprender a bailar bajo la lluvia.
Es el prefacio de tu vida, y te mientes para ser feliz.
Observas como todo el mundo sonrie, sosteniendo un arma invisible junto a sus cabezas.
Euge-