Usted quiere que ocurra algo, pero no ocurre nada.
Mira por la ventana, toma un sorbo de café.
Usted siente la necesidad de cantar una canción nostálgica, de levantarse y estirar un poco las piernas.
Voltea su cabeza y ve a la pareja de la mesa de al lado tomando un capucchino danés.
Usted piensa que se le hace tarde, pero no quiere levantarse.
Se siente apabullado, claustrofóbico, viejo.
Usted toma un pañuelo de su bolsillo, y con inteligente disimulo seca la lágrima que se escapa por una de las comisuras de su ojo derecho.
Deja el dinero sobre la mesa y se levanta.Camina hasta la puerta. Sale y comprueba que esta nevando afuera.
Usted disfruta el invierno, es su estación favorita.
Camina unas calles dejando que los copos de nieve jueguen y se arremolinen cerca de su arrugada nariz.
Usted sabe que no pertenece alli, encerrado en ese monótono mundo que no le presenta nada que haga entrar ni el más mínimo hilo de luz en su oscura existencia.
Mira unas vidrieras; piensa en comprar un sombrero, aunque no lo hace.
Usted se enfada y entristese, no comprende cuando fue que su existencia sucumbio en la rutina de la soledad y el aburrimiento.
Usted sufre; admítalo, yo lo sé.
Se culpa y se condena a sí mismo, le gustaría estar en otro lugar, en otro tiempo; teniendo a alguien con quien charlar y jugar a la canasta.
Usted quiere no ser usted, quiere ser alguien más, con otra vida, con otros hábitos, con otra casa, con otro gato.
Quiere algo que rompa en su vida y haga que se de cuenta que usted nació para lograr algo, ser alguien con un propósito.
Usted quiere que ocurra algo, pero fervientemente sabe, que no ocurre nada.
Euge-