Hay magia incluso en este lugar; en las rejas cerradas, en la soledad, en demasiado trabajo, en esas noches que se hacen muy largas, en los carritos de supermercado con las ruedas rotas, en el aburrimiento, en los impuestos. La misma magia que hizo a un hombre escribir sobre una princesa que dormía hasta ser besada, sobre rubios cabellos cayendo por balcones, sobre dedos pinchados por agujas. Hay magia incluso en este lugar, en los baches en los costados de los caminos, en no tener la oportunidad correcta, en llegar tarde y perderte el último tren a casa. Esa misma magia que hizo que una mujer en Francia pensara que dios le hablaba, que hizo que otra se sentara enfrente de un autobús y se negara a moverse; que hizo que un hombre pensara que tal vez la tierra no era plana, o que el hombre podría caminar sobre la luna. Y es que es así, hay magia; incluso en este lugar.
Euge-