En las turbias y entrecortadas noches de angustia; en los lentos y monótonos días de pesadumbre, me culpo y me condeno a mi misma.
Detrás de la ambigüedad, eramos como el paisaje de la melancolía.
Te permitieron ver las formas trágicas y monstruosas de la vida como vagas sombras detrás de una bola de cristal. A mi, en cambio, se me ha sido arrebatado el bello mundo del color y el movimiento. Soy una poesía muda. Me gastaste.
Contigo había que renunciar a la lucha, o renunciar a vos; elegí renunciar a la lucha, y en súbitos arrebatos de furia, te grito y vocifero cuanto me ha costado.
Tu propósito fue disponer de mi existencia entera; y lo lograste. Debí sacudirte de mi vida como uno se sacude un insecto que lo ha picado. Hundidos en diluvios emocionales te muestro mi mundo privado; el rostro del dolor que no miramos.
La alquimia diabólica de tu egoísmo nos destruye lentamente. Era tuyo el núcleo de todos mis sueños, la pureza de mis deseos.
Me enseñaste lo deplorable y triste de la esencia humana; pero yo te enseño algo infinitamente mas valioso.
Flotamos, nos disolvemos, desmaterializamos, cambiamos, desaparecemos, nos vamos… al igual que todo, nos vamos.
Yo te enseño el significado del dolor y su belleza.
El resto de mi, como suele decirse, es silencio y lagrimas.
Euge-